500.000 catalanes exigen que 46 millones de españoles hagan lo que a ellos les salga de sus democráticos cojones

Medio millón de manifestantes, 225.000 según Sociedad Civil Catalana, un millón según la Guardia Urbana, 9.567.000.8723.231.910.002 y un caniche según la Generalitat.

Ayer, en una demostración pacífica y democrática, medio millón de catalanes, según los organizadores de la manifestación con motivo de la Diada catalana, tomaron las calles de Barcelona para exigir, pacífica y democráticamente, que el resto de los españoles (alrededor de 46.026.000 -cuarenta y seis millones, veintiséis mil-) hagan lo que a ellos se les ponga en la punta de su democrática polla, lo que viene siendo lo que le sale de sus pacíficos cojones, por sus santos y democráticos huevos, “y rapidito, que no tengo el pacífico coño pa’ democráticos farolillos”, según declaró una portavoz de la Asamblea Nacional Catalana, organizadora del acto, mientras se rascaba una axila.

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Durante la pacífica marcha, los participantes manifestaron su democrática perplejidad por la negativa de la inmensa mayoría de los españoles a permitir que ellos hagan lo que democráticamente se les salga de su pacífico bolo, “sobre todo contando que llevamos cinco larguísimos, pacíficos y democráticos años exigiendo que los españoles nos coman lo que pacíficamente les digamos que nos coman democráticamente”. En este sentido, fueron miles las pancartas pacíficas y reivindicativas que reclamaron al resto de los ciudadanos del Estado español que se pongan pacíficamente a cuatro patas para que les puedan dar democráticamente por donde amargan los pacíficos pepinos.

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“Es democráticamente incomprensible que 46 millones y pico de españoles se nieguen a escuchar nuestras pacíficas exigencias y que enciman se ofendan cuando democráticamente les reclamamos que además de que sean pacíficas putas, que pongan la democrática cama. ¡Si hasta nos hemos ofrecido pacíficamente a que ellos mismos elijan la marca democrática de vaselina perfumada que prefieran!”, declaró otros de los portavoces de la manifestación con lágrimas de pacífico estupor en los ojos antes derrumbarse democráticamente en los brazos de un manifestante que le consoló con palabras dulces: “Ea, ea, ya está, Oriol, ya está”.

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