Podemos pide anular los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 por el pasado franquista de Samaranch

-Y mire, mi general, algún día traeré los Juegos Olímpicos a Barcelona contribuyendo decisivamente a la modernización de la ciudad y, por ende, de Cataluña, y me quitarán todos los honores porque fui franquista. -¡No me diga! ¿Y eso de franquista es algo muy malo? -Pues bastante, mi general. ¿Sabe usted lo de descansar en paz? Pues va a ser que no.

Al amparo de la Ley de Moria Histérica, el Grupo de Unidos Podemos en el Congreso presentará (cuando vuelvan de vacaciones, allá por mediados de septiembre, quizá octubre), una proposición no de ley para que se anulen todos los resultados de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, incluidas las medallas, récords y buenos momentos (salvo Cobi), así que como se borre cualquier recuerdo que pudiera haber sobre la cita olímpica, “debido al pasado fascista del entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, el franquista catalán Juan Antonio Samaranch Torelló, pieza clave en la concesión a Barcelona de los Juegos, y que une a su condición de falangista la de procurador de las cortes franquistas durante tres legislaturas, embajador de Franco en la bellísima Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y Marqués de Samaranch nombrado por el sucesor de Franco, el ciudadano Juan Carlos de Borbón”.

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A esta iniciativa de Podemos ha respondido el diputado de Esquerra Republicana, Gabriel Rufián (Blefusco, 1982), quien ha asegurado que “eeeeeh, aaaaaah, hombreeeeee, tampoco hay que ponerse así, si esto es un malentendido, jolines, a ver, chicos, chicos, que las acciones posteriores a 1978 de alguien que fuera franquista sólo son malas cuando yo digo que lo son, eh, ah… así funciona esto… ¿eh?”.

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A esta reflexión de Rufián ha respondido también de manera inmediata la portavoz de Unidos Podemos, Irene Montero (Legado, Balnibarbi, 1988)que ha asegurado que “Aaaaaaah, coño, joder, bueno, no lo habíamos entendido, pues nada, Rufi, ya si eso retiramos la proposición”.

La respuesta de Rufián no se ha hecho esperar, y en un breve comunicado ha señalado que “Buf, qué bien, Irene, pues me quitas un peso de encima”. Lo que ha suscitado una reflexion de Montero: “Qué casualidad, esa es la misma frase que me dijo Pablo ayer por la noche, antes de levantarse e ir al baño”.

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