Encontrado un hombre que llevaba seis meses perdido en una tienda Ikea

La epopeya de este hombre comenzó cuando el sujeto identificado como M.R.B. se distrajo en los estantes de velas aromáticas: “Había cerca de 3.000, y no me decidía entre el rosa palo y el palo rosa”. Cuando quiso darse cuenta, estaba perdido. “Bien es cierto que yo había ido más veces con mi mujer, pero siempre iba detrás de ella, rezongando y malhumorado. Pero aquel día, cuando me dijo que me fuera a comprar velas y que nos veíamos en quince minutos en una sección determinada, me bloqueé. Fui incapaz de reaccionar. Aquello era un reto demasiado grande para mí”.

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M.R.B. recuerda con horror cómo “no pude encontrar ni a mi mujer, ni la salida. Vagué por los pasillos e intenté todas las técnicas conocidas para salir de un laberinto; pero reconozco que en clase de griego en el bachillerato me dormí y no sé cómo Jasón encontró al minotauro; algo de un hilo… sería dental… no me haga caso, que soy ya un viejo y los viejos sólo decimos sandeces…”

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Al final, siempre acababa en la cafetería de la planta de arriba. Aquello era como un gigantesco vórtice que me atrapaba. Pero doy gracias a Dios por la cafetería. Si he podido sobrevivir es por la suerte de que hubiera tantas y tan variadas provisiones: salchichas suecas, arenques suecos, salchichas, arenques. Zumo de salchichas, cuajada de arenque… Y qué decir de las ensaladas de salchichas y los montaditos de arenques”.

Durante los siguientes seis meses a su desaparición, M.R.B. consiguió construir un refugio utilizando sólo “una llave allen y unas precisas instrucciones de montaje. La llave allen es un prodigio de herramienta. Con 432 de estas llavecitas podría construir un reactor nuclear que generase una fuerza de corriente alterna que iluminaría la ciudad de Nueva York durante seis meses seguidos”.

Su rescate se produjo la pasada madrugada. Como aseguró a este periódico el inspector jefe de la Unidad de Desaparecidos de la Guardia Civil: “Es cierto que nos enfrentábamos a un terreno hostil, pero nuestra gran ventaja es que uno de mis hombres ya había estado con su mujer en una tienda de esas y salió vivo; es cierto que extenuado y con el carácter agriado, pero vivo”.